Mi pesca de la dorada

Articulo cedido por Pescamarina.


 

Eduardo.3


La pesca de la dorada es una de las más apasionantes y difíciles. No difícil a la hora del lance, si no a la hora de la picada, puesto que lo normal es que, si vas a pescar "la dorada", seguramente acabes pescando cualquier otra especie.

Para ayudarnos un poco a todos, nuestro amigo Eduardo nos relata sus experiencias sobre la pesca de la dorada, las cuales serán por supuesto muy aprovechables para todos.

Como siempre, Eduardo nos manda un artículo digno de libro.

- Pesca Marina.

Este artículo está escrito pensando en los miles de pescadores que al igual que yo han pasado y pasan horas después de largos desplazamientos, al lado de sus cañas, esperando la clavada de una dorada.

(Y sobre todo, a los pescadores que tienen a bien devolver al mar todas aquellas doradas que no dan la talla mínima)

- Eduardo.3

 

El poder de atracción de la dorada

Nadie me negara que aun siendo muy interesante la pesca de la dorada, existen en nuestros mares especies  más deportivas y, hasta de valor gastronómico mas apreciado. Pues no obstante, lo que acabo de decir,” la dora es la dorada”.

He conocido pescadores andaluces que se han desplazado y se desplazan algunos cientos de kilómetros, hasta llegar a las costas  atlánticas, donde se ha dado muy bien la dorada y,  desgraciadamente  en estos momentos, son escasas las capturas

Los pescadores catalanes  hace unos años con coches con los que hoy no iríamos ni a la vuelta de la esquina por carreteras infernales  se desplazaban a Tarifa, Conil, Barbate, etc., etc., para encontrarse con “la dorada” desde un viernes por la tarde al domingo, .

También he compartido horas  con pescadores  que desde el Rosellón Francés arribaban a las costas citadas y algunos, era tal su afición que compraron apartamentos a “pie de obra”

Mi amigo Pedro regresaba  a Sevilla de un viaje  desde Gerona, se tiro mas de catorce horas en su  SEAT 127, llego a Sevilla cuando nosotros estábamos preparando nuestra salida para la playa de los “lances” en tarifa, alrededor de las ocho de la noche, indignado estaba porque no habíamos contado con el, ni  por asomo dejaba el una noche y consiguiente día pescando doradas. Pues si, se cambió, cogió las cañas y demás y a Tarifa fue con nosotros recuerdo muy bien que obtuvo su recompensa.

 

 
 
 
 
 
 
 

En ese espacio de tiempo lo suficientemente largo para pensar en solitario o comentando  con los compañeros, en que se esta fallando?, que es lo que no hacemos bien?,cuando las doradas son esquivas

Se que hay doradas mas grandes o mas pequeñas y, me he provisto de cebos que les son  apetitosos, realizo lances entre los 15 y 140m. ,sigo casi al pie de la letra los consejos de los maestros pescadores en libros, artículos, etc... Compro las cañas que me  han aconsejado, carretes, hilos, plomos, etc., etc.,es como el suplicio de “tantalo”, están a una docena de metros, pero no doy con ellas.

Paso de largo de sus distintos nombres, según lugares o de sus características biológicas, de sus  habitats o de su ciclo reproductor. No porque no sea interesante, que si lo es. A mi lo que me interesa como supongo a la media docena que lea este articulo, es pescarlas. Nosotros no somos ictiólogos y los que lo sean saben de la dorada lo suficiente para no tener que recordárselo.

Con el fin de saber de que especie hablamos, creo que basta con decir que pertenece a la familia de los espáridos, familia muy común en el mar Mediterráneo y, tengo entendido que desde hace unos años como se han calentado las aguas del Atlántico y Cantábrico, han aparecido con mas asiduidad en esos mares.

El pescador novato o principiante, puede distinguirla inmediatamente  por su franja dorada entre ojo y ojo, de donde toma su nombre, lomo de color gris oscuro, costados plateados. 

Profundizando un poco mas,  observándola con un poco de detenimiento, veremos que tiene unas leves manchas rojizas en los extremos de las mejillas, sus labios son gruesos. Sus mandíbulas están muy bien armadas de molares  preparadas para  triturar su pitanza.

Las doradas se desplazan a lo largo y ancho de la costa, acercándose a escasos metros de la orilla. Su peso puede alcanzar los 8 k. para regocijo de los pescadores.

Parece que no hay varias especies o  tipos de doradas, solo hay una.

Creo que no me equivoco al decir que todavía hoy, nos preguntamos, cómo, con qué, cuándo y dónde atacaremos a la esquiva dorada. Para despejar estas incógnitas se han escrito docenas de libros y, miles de artículos.

He conocido pescadores allá por los años 60,que salían a pescar “la dorada” y como les entrase otra especie la despreciaban, ellos solo pescaban este espárido, el tamaño de las mismas era muy apreciable.

Los aparejos como todos  sabéis  por oídas o por edad, no tenían nada que ver con los que utilizamos actualmente. Los buenos pescadores regresaban a casa con grandes piezas, cuando el estado de la mar y las condiciones climatológicas eran proclives para la pesca. Quiero decir que, no obstante, a la riqueza piscícola, recuerdo que también  volvían ”bolos”, seguramente por eso la esquiva y desconfiada dorada era tan deseada.

De las varias técnicas que hay para pescar la dorada, he practicado solo dos.

Primera técnica

Al lanzado, con cañas de 5m.de fibra de vidrio y, supongo que de acción parabólica, no sabíamos de eso ni de muchísimas otras cosas que ahora conocemos y tenemos, los veteranos comentamos muchas veces que estragos (pescatas) hubiésemos hecho con los materiales que  disponemos ahora, dada la gran riqueza piscícola.

Posteriormente ya con cañas de 4,20. y de 4,50m de acción de punta, de carbono y, practicando el surf-casting, lanzando mi plomo detrás de esas olas que podían levantar comida para las doradas perseguidas.

Los hilos que he empleado han ido disminuyendo de diámetro, a medida que la calidad de los mismos ha ido aumentando así hasta  el o, 16mm., puentes de 12 a 15 m. de longitud, de gran calidad, para combatir la dorada en esos últimos 10 m. antes de llegar al rebalaje, donde  luchara como lo brava que es, para librarse del acero.

Si nos fijamos cuando la dorada esta en la orilla o en nuestras manos, veremos que tiene su rostro una expresión enojada. ,de mala uva, seguramente este efecto lo da esa mandíbula inferior robusta y prominente

A la vista de su dentadura, apreciaremos rápidamente que los anzuelos deben de ser robustos, diría muy robustos, de acero y alta penetración, curvos de pico de loro, empleo los gamakatsu del 2/0, 2, 3, y 4, o  de vástagos largos según la carnada,  el tamaño de los anzuelos debe de estar de acuerdo con los cebos que empleo.

El  empatillado de  los coales muy cuidado, debo de tener en cuenta que una dorada de mas de 2 kilos se defiende como” gato panza arriba”, pongo un coal  de 2m.de largo,  que creo ideal ya que al comer la dorada y,darse cuenta de que algo va mal ya este clavada, el diámetro del mismo del 0,30.


E
l diámetro de los hilos esta en consonancia con varios factores.

a) el estado de la mar me dice que diámetro emplearé, no es lo mismo pescar con un mar en calma que con un mar alborotado y sucio, los hilos padecerán mas y por lo tanto debo de olvidarme de los finos.

b) por el contrario, en fondos limpios sin roquedos y mar  tranquilo, puedo poner a prueba los hilos mas finos.
 

Es importante que recuerde que si el hilo  madre y hilo del puente deben de estar en optimas condiciones, el coal lo mismo, no  tiene que tener nudo alguno, ya que debilita  su fuerza, debe de ser muy resistente a los movimientos y tirones queda el pez para zafarse de tan terrible suplicio.

El rebalaje,  es un escollo que casi siempre actúa en  mi contra   y a favor de la pieza y, también los primeros metros de la arena de la orilla, en esos momentos no  debo levantar la punta de la caña para elevar la pieza pues puede traicionarme el coal y perderé el pez, quedándome con  cara de tonto.

Por último, me tomo todo el tiempo del mundo, para traerme la pieza con tranquilidad no poniéndome nervioso, no quiero precipitarme por tener el pez en el cubo. Recogeré dominando la pieza en todo momento, no dejando ni por asomo que el hilo  no este tenso, pues  el pez puede aprovechar esa laxitud para desprenderse.

Hay quien defiende que los plomos deben de ser corredizos y, dejar el carrete abierto,  a mí me parece que con coales largos no es necesario, pero esta idea como otras tantas en la pesca no se deben desechar y, menos si al pescador les son efectivas. Yo tenso el hilo  dejo el freno del carrete bastante abierto, pues con ese coal de 2 m. cuando el puntero me avise seguro que la dorada ha mordido el anzuelo.

He empleado siempre dos cañas iguales, eso me  permite lanzar a diferentes distancias e ir probando hasta  llegar al lugar donde están las dichosas doradas, los lances procuro hacerlos en abanico, si no tengo pescadores cerca, a los que pueda molestar.

Recomiendo que cuando se clave una dorada se haga una señal en el hilo a la altura del pikup del carrete, como comprobación de distancia y  repetir lances a la misma distancia.

Los porta-cañas los planto levemente inclinados hacia atrás,  las cañas con los carretes  los tengo mirando a tierra,  así cuando las cañas se inclinan hacia atrás o se ponen verticales, es señal casi inequívoca de que un pez ha picado.

Aprovecho para decir que de esta forma por la noche casi nunca necesito luminosos,  las punteras llevan cintas refractantes, al enfocarlas veo sus movimientos.

Una vez  que la puntera de la caña me  detecta la señal de picada, que en principio puede ser leve pero que a renglón seguido será violenta, cojo la caña, (señalo) tenso un poquito el freno y le doy un ligero pero contundente cachete, con el fin de  clavar, el pez. No son necesarios  esos tirones exageradamente fuertes que a veces veo que compañeros dan a la caña, la dorada si no ha comido bien escupirá el anzuelo.

Si recojo la línea sin haber clavado el pez, hago al principio  una lenta recogida. si hay alguna dorada alrededor de mi cebo, tengo posibilidades de que se lance a comer al ver que se le escapa la comida.

Hay que ver la sensación tan agradable que me produce que al recoger el aparejo la puntera de la caña se detenga, no puedo tirarla para atrás,  por la fuerza  que el animal opone, siento sus movimientos, diría que los estoy viendo, en esos momentos tengo a merced la presa, en mi mente se quieren acumular todos mis pobres conocimientos y desarrollarlos de tal forma que el pez no pueda conmigo. Estos momentos que van a transcurrir hasta que el pez este en el cubo, quisiera que fuesen cortísimos pero por otro lado también quisiera que no terminaran nunca. He pasado horas y horas esperando una buena clavada, mis neuronas están en pleno trabajo. Incluso miro a los lados para ver si alguien  se ha dado cuenta de que traigo un  buen pez.

Los primeros tirones son muy potentes, tomándose sus descansos, luego empieza a ceder  y  entre tirones y descansos que debo de contrarrestar con el freno del carrete, llega donde se defiende de verdad, en el rebalaje, sus embistes hacia la derecha o hacia la izquierda y, como no, hacia el fondo ponen en peligro la captura si me apresuro en cobrar la pieza.

¡ Qué hermoso espectáculo, cuando veo y compruebo en la punta de mi caña como la brava dorada se defiende!  No quiere salir de su habitat, ha nacido para estar en el mar, para recorrerlo libre y ahora por un mal momento va a perder su libertad, no comprende qué le esta pasando y por ello se defiende una y otra vez, seguramente pensará en qué bicho ha mordido que le arrastra en contra de su voluntad, ella no entiende de pescadores, cañas carretes o anzuelos, lo único que sabe es que se ve impelida a la orilla y, no sabe  qué final tendrá su vida. Seguramente si pudiese comprobar los latidos de su corazón, vería que van al unísono que los míos. Una lucha mas por la supervivencia en la que hay un ganador y un perdedor como siempre, pero, ¿cual le corresponde al pescador?.

No quisiera desviarme, tengo a la dorada cerca del rebalaje, si el nudo del puente es importante que este bien hecho para que al lanzar no pierda el aparejo,  importantísimo es, que este en condiciones optimas para el combate final, por lo que el nudo del puente lo compruebo  entre cada serie de lances, es una pena perder piezas por culpa de estos descuidos que por sabidos son muchas veces olvidados.

Cuando tenga la pieza cerca de la orilla, pasaré el hilo  puente al carrete dándole varias vueltas de manivela,  frenare  el carrete un poco mas, lo suficiente para dominar al pez, pero que tenga posibilidad de salir hilo si la ocasión lo requiere. Traeré la pieza sin prisa pero sin pausa y poco a poco  la acercare a la orilla, para que actué el hilo del puente y  me pondré paralelo a la misma, haciendo entrar al pez por delante de la puntera de mi caña, dominando la pieza mucho mejor.

No caigamos en la tentación de quedarnos a varios metros de la orilla e ir recogiendo el hilo rápidamente y de forma perpendicular a la playa.

Tengo el pescado en el cubo (ya no pez), lo miro con satisfacción infinita la hermosa pieza, tengo suerte se acercan algunos compañeros que han visto desde allá lejos, mi lucha, como no, se alegran y me felicitan, mi ego crece varios enteros, sólo una leve sombra aparece en mi mente... ¿cuando pescare otra?.

No he hablado de los plomos ya que soy un entusiasta  del plomo español así como de pescar con un anzuelo. Algunos compañeros pescan con un pie con dos anzuelos

He leído que la dorada  come constantemente, seguramente será así, (doctores tiene la iglesia), pero muchas veces parece que no, dadas las horas que uno se pasa sin clavar una, mis maestros en esto me decían que los mejores momentos son los del  atardecer y los del amanecer.

Jooo, ahora me dicen que los mejores momentos son con el mar casi en calma y cuando el sol esta en todo lo alto, sin comentarios..............

Tambien leí  que las doradas no viajan en grupos dado que son muy desconfiadas, en esto si estoy de acuerdo, dado que pesco una dorada y tardo un tiempo en pescar otra y, si la pesco.

En estos últimos años supongo que  la subida de las temperaturas del agua del mar estamos cogiendo doradas durante casi todo el año. Hablo concretamente del sur del Mediterráneo.

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