El surf-casting o lance
pesado a los rompientes es una técnica de pesca que llegó a España hace ya
muchos años a través de los pescadores franceses, donde ya la practicaban
a lo largo de las costas del Atlántico y del Mar del Norte: se utiliza hoy
en todo el mundo, donde ya es muy popular. Ideado para los fondos arenosos
que formen batideros del mar.
Se trata de lanzar un cebo apropiado lejos
de la orilla, en la zona donde rompen las olas, o más allá de éstas.
Existen dos clases o tipos de playas: las
someras o poco profundas; generalmente de poco desnivel o pendiente. En
esta clase de playas las olas suelen romper lejos de la orilla, y por lo
general, los lances en la mayoría de las veces deben de superar con creces
la barrera de los cien metros para tener algún éxito. El equipo en este
caso: caña. Carrete, línea madre más fina, montajes y plomadas; es todo el
conjunto bastante sofisticado, capaz de alcanzar esas distancias con la
ayuda de la técnica del pescador especialista. El otro tipo de playa;
también extensa como la anterior, pero en este caso tiene un perfil más
profundo, con un desnivel mayor, y por el cual las olas tienden a romper
mucho más cerca de la orilla. La vegetación está más cerca de esta, y por
lo tanto, los lances más cercanos, generalmente no suelen pasar de la
barrera de los cien metros. El equipo en este caso puede ser menos
sofisticado.
El equipo
El surf-casting o lance pesado a los
rompientes es una técnica de pesca que llegó a España hace ya muchos años
a través de los pescadores franceses, donde ya la practicaban a lo largo
de las costas del Atlántico y del Mar del Norte: se utiliza hoy en todo el
mundo, donde ya es muy popular. Ideado para los fondos arenosos que formen
batideros del mar.
Se trata de lanzar un cebo apropiado lejos
de la orilla, en la zona donde rompen las olas, o más allá de éstas.
Existen dos clases o tipos de playas: las
someras o poco profundas; generalmente de poco desnivel o pendiente. En
esta clase de playas las olas suelen romper lejos de la orilla, y por lo
general, los lances en la mayoría de las veces deben de superar con creces
la barrera de los cien metros para tener algún éxito. El equipo en este
caso: caña. Carrete, línea madre más fina, montajes y plomadas; es todo el
conjunto bastante sofisticado, capaz de alcanzar esas distancias con la
ayuda de la técnica del pescador especialista. El otro tipo de playa;
también extensa como la anterior, pero en este caso tiene un perfil más
profundo, con un desnivel mayor, y por el cual las olas tienden a romper
mucho más cerca de la orilla. La vegetación está más cerca de esta, y por
lo tanto, los lances más cercanos, generalmente no suelen pasar de la
barrera de los cien metros. El equipo en este caso puede ser menos
sofisticado.
emerillón, enganchado al pater-noster por un
mosquetón quita-vueltas, y una gameta larga, de 1,50 - 2,00m enganchada a
ese montaje por medio de un imperdible quita-vueltas. Estos dos montajes
pueden llevar un bait-clip para transportar algunas clases de cebos. Y el
tan empleado: gameta terminal de 0,50 - 100cm de longitud, con plomo
deslizante, perla e imperdible quita-vueltas. Este montaje es uno de los
más indicados para la mar floja y la línea algo destensada.
Salabre: En este caso puede no ser
necesario, las doradas se pueden varar en la misma playa.
La técnica
Las playas más adecuadas para esta modalidad
son las llamadas someras o de poca pendiente, poco profundas, en las
cuales las olas empiezan a romper lejos de la orilla, algunas a más de un
centenar de metros, y otras también extensas pero menos llanas o con algo
más de pendiente, donde las olas suelen romper más cerca de la orilla; esa
puede ser la señal, que desde que rompe la última ola hasta la orilla no
existe ningún rastro de vegetación; sin embargo, posiblemente, a una
veintena de metros de esa última ola, exista un pedregal, una frondosa
pradera de posidonias u otra clase de algas. Es ahí, dentro de esa franja
de 20 metros donde hay que colocar el cebo, impulsado por un plomo con
grapas de alambre si el oleaje es fuerte; también en los calveros y
pasillos que pueda haber entre la vegetación.
La caña plantada vertical en la arena, con
la línea tensada a tope – aunque esto no es lo mejor para la dorada, no
queda otro remedio, y el freno del carrete bien regulado por si acaso, y a
esperar a que quiera picar alguna.
Otra cosa sería en la misma playa y con la
mar en calma o poco movida. Solo habría que poner el cebo adecuado en una
gameta a fondo, de no más de un metro de longitud, transportado por un
plomo deslizante con el mínimo peso, capaz de llevarlo a esa franja de
paso o de tránsito, o hasta alguno de los calveros. En este caso el
soporte de la caña lo pondríamos más tendido para que la caña forme un
ángulo de entre 90 - 120 o más grados, con el freno del carrete bien
regulado y dejando la línea destensada, con toda la comba que las olas nos
permitan. De esta forma nos olvidaremos del puntero de la caña y le
pondremos más atención a la línea. Si esta la vemos tensarse, y se dobla
el puntero sin llegar a clavarse la dorada, haremos lo siguiente:
rápidamente cogemos la caña, la ponemos horizontal y le volvemos a dejar
otro poco de comba a la línea (la caña la tendremos en la mano). Sin dejar
de mirar a la línea, si vemos que esta se va a tensar, décimas de segundo
de que esto ocurra, y con el dedo índice aprisionando la línea contra la
caña, la levantamos bruscamente para dar el cachete y clavar.
Con esta última técnica tendremos más
posibilidades de clavar doradas en casi todas las modalidades, además, si
el viento es de costado, nos molestará menos; como también nos lo van a
agradecer nuestras cervicales.
Horas más apropiadas: la dorada, como
ya sabemos es más activa de día y sobre todo cuando más calienta el sol.
Esto es un problema en los meses calurosos por la cantidad de bañistas que
nos podemos encontrar. La solución es buscar las playas más solitarias.
Cebos más apropiados: los que
generalmente se pueden dar en esa zona, como navajas, almejas, coquinas,
cangrejos y algunos tipos de gusanos. También un cebo todo-terreno: una
ristra con gajos de caracolas, ensartadas una a una por una aguja
sardinera en una gameta con un anzuelo negro de patilla corta, poniéndole
de tope una pequeña perla para que no se escurran los gajos y tapen el
arpón; o dos anzuelos, empatillados con los arpones en dirección opuesta,
para que de esta forma no se escurran los gajos y tapen los arpones. Este
último sistema también es válido cuando se utilizan grandes titas.
Mis zonas favoritas: En la costa
murciana hay multitud de playas que son muy buenas y que se adaptan muy
bien para el fin que aquí tratamos; pero para mí particularmente y porque
las conozco muy bien me inclino por las de la Manga en sus 22 kilómetros
de costa al Mediterráneo, desde Cabo de Palos hasta la Veneciola, y en
especial toda la zona del Estacio, donde se encuentra el canal o gola
principal que une el Mediterráneo con la laguna del Mar Menor.
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